Hace tiempo que ando buscando en silencio a qué cosa se parece este estado de ánimo y no encuentro ejemplo que más se le acerque que el de aquellos que habiendo salidos de una larga y grave enfermedad, se ven todavía molestados con pequeños movimientos y ligeros accidentes y aún después de haber echado de sí las reliquias de la enfermedad, les inquieta la aprensión y, ya curados, hacen que los médicos les tomen el pulso interpretando mal toda la temperatura de sus cuerpos. El cuerpo de éstos […] está sano, aunque no está acostumbrado a la salud […]. No hay, pues, necesidad de aquellos remedios más duros […], como resistirte a ti mismo, irritarte contigo, apremiarte insistentemente, sino de aquel otro que se emplea el último, a saber, que tengas confianza en ti mismo.
Lucio Anneo Séneca. De la tranquilidad del ánimo. (via yierva)